El crecimiento del vello facial depende de factores genéticos, hormonales y de la edad. Aunque en muchos casos forma parte de las variaciones normales del cuerpo, cuando aumenta de forma marcada puede estar asociado a alteraciones hormonales y requerir evaluación médica. Existen distintas alternativas para reducirlo o eliminarlo, según el tipo de piel y de vello. A continuación, una nota de nuestra revista hermana Hola Salud.
El vello facial forma parte de las características normales de la piel y está presente, en mayor o menor medida, tanto en hombres como en mujeres. Puede ser fino, claro y apenas perceptible, o adquirir un mayor grosor y pigmentación. La genética, la edad, los cambios hormonales y la sensibilidad de los folículos pilosos influyen en estas diferencias.
Por eso, tener vello en el rostro no implica necesariamente que exista un problema de salud. Sin embargo, cuando en una mujer crece vello oscuro y grueso en zonas habitualmente asociadas al patrón masculino, como el labio superior, el mentón, el pecho, el abdomen o la espalda, puede tratarse de hirsutismo.
El hirsutismo es el crecimiento excesivo de vello terminal, es decir, más grueso, oscuro y largo, en mujeres y en áreas sensibles a la acción de los andrógenos. Estas hormonas están presentes tanto en hombres como en mujeres, aunque en diferentes concentraciones. En muchos casos, se relaciona con niveles elevados de andrógenos o con una mayor sensibilidad de los folículos a su acción. Esto significa que una persona puede presentar un crecimiento marcado del vello incluso sin tener necesariamente valores hormonales muy elevados. La predisposición genética también es importante. La cantidad y distribución del vello varían entre familias y poblaciones, por lo que aquello que se considera excesivo no es igual para todas las personas.
El momento en que se produce un aumento del vello puede aportar información sobre su origen. Durante la adolescencia, los cambios hormonales propios de la pubertad modifican el crecimiento del pelo corporal y facial. También pueden producirse variaciones durante etapas de importantes cambios hormonales. En la menopausia, por ejemplo, algunas mujeres notan pelos más gruesos en el mentón, el labio superior o las mejillas debido, entre otros factores, al cambio en la relación entre estrógenos y andrógenos.
Un crecimiento gradual no suele tener el mismo significado que un cambio brusco. Si el vello aumenta rápidamente en pocos meses, se vuelve muy grueso o se acompaña de otros signos, como alteraciones menstruales, acné intenso, caída de cabello en el cuero cabelludo, aumento de la masa muscular o cambios en la voz, es recomendable realizar una consulta médica.
¿Cuál es el tratamiento?
No todas las personas con vello facial necesitan tratamiento médico. La elección dependerá de la causa, de la cantidad y características del vello y, fundamentalmente, de cuánto interfiera en la vida cotidiana o genere incomodidad. Cuando existe una alteración hormonal o una enfermedad de base, el tratamiento puede orientarse hacia esa causa.
En algunos casos se utilizan medicamentos que disminuyen la acción de los andrógenos u otros tratamientos hormonales, siempre bajo indicación y seguimiento médico. Los resultados no suelen ser inmediatos. El ciclo de crecimiento del pelo hace que los tratamientos farmacológicos necesiten varios meses para mostrar cambios, por lo que las guías recomiendan evaluar su respuesta después de un período prolongado y no esperar modificaciones de un día para otro.
Los tratamientos médicos pueden complementarse con diferentes métodos de eliminación del vello. La elección depende del tipo de piel, el color y grosor del pelo, la zona que se desea tratar y la sensibilidad cutánea.
Métodos para eliminar o reducir el vello facial
Depilación con cera. Elimina el pelo desde la raíz y sus resultados duran más que el afeitado. Puede utilizarse en algunas zonas del rostro, aunque es importante controlar la temperatura y evitar una manipulación agresiva. En pieles sensibles puede provocar irritación, inflamación o cambios en la pigmentación.
Depilación con láser. Utiliza energía lumínica dirigida al pigmento del pelo para dañar progresivamente el folículo piloso. Requiere varias sesiones y puede conseguir una reducción muy prolongada del crecimiento. Sin embargo, los resultados dependen del tipo de pelo y de piel y, particularmente en el rostro femenino, pueden ser necesarias sesiones de mantenimiento debido a la influencia hormonal. El láser suele responder mejor frente al pelo oscuro, porque necesita pigmento para dirigir la energía hacia el folículo. Actualmente existen distintas tecnologías que permiten tratar diversos fototipos de piel, pero la elección del equipo y de sus parámetros debe adaptarse a cada persona.
Luz pulsada intensa. Al igual que el láser, utiliza energía lumínica para reducir progresivamente la actividad de los folículos. No se trata exactamente de la misma tecnología: la luz pulsada emplea un espectro más amplio de longitudes de onda. Puede ser una alternativa en determinados casos, aunque sus resultados también dependen del color del pelo, el fototipo y las características de la zona.
Cremas depilatorias. Actúan sobre la estructura del pelo situada por encima de la superficie de la piel y permiten retirarlo sin arrancarlo desde la raíz. Son rápidas e indoloras, pero pueden causar irritación, especialmente en el rostro. Es importante utilizar únicamente productos indicados para uso facial y realizar previamente una prueba en una pequeña zona.
Depilación con pinzas. Puede ser práctica cuando existen pocos pelos aislados, especialmente en el mentón o alrededor de las cejas. A diferencia de una creencia bastante extendida, retirar el pelo con pinzas no hace que el folículo se fortalezca ni que el pelo crezca necesariamente más grueso. La extracción repetida, sin embargo, puede irritar la piel y favorecer pelos encarnados en algunas personas.
Afeitado. También puede utilizarse en el rostro y no modifica el grosor, el color ni la velocidad de crecimiento del pelo. Al cortarlo al ras, la punta queda recta y puede sentirse más áspera al crecer, lo que genera la impresión de que el vello se volvió más fuerte, pero el folículo no cambia.
Electrólisis. Es otra alternativa para la eliminación del vello. Consiste en introducir una corriente eléctrica en cada folículo para dañarlo y evitar que vuelva a producir pelo. Puede resultar especialmente útil para pelos claros, sobre los que el láser tiene menor eficacia. Requiere múltiples sesiones y debe realizarse por profesionales capacitados para reducir el riesgo de irritación, quemaduras o cicatrices.
No existe un procedimiento ideal para todas las personas. Para unos pocos pelos aislados puede resultar suficiente recurrir a pinzas, afeitado o cera. Cuando el vello es abundante y oscuro, la fotodepilación puede ofrecer resultados más prolongados. En pelos muy claros, la electrólisis puede ser una alternativa.
También es importante considerar el estado de la piel. La sensibilidad, la tendencia a las manchas, la presencia de acné o determinados tratamientos dermatológicos pueden modificar qué técnicas resultan más convenientes.
Por otra parte, eliminar el pelo y tratar la causa del crecimiento son dos cosas diferentes. Una persona puede optar por depilarse por razones estéticas, aunque no exista ninguna alteración hormonal. En cambio, cuando hay hirsutismo asociado a una causa médica, reducir el vello visible puede formar parte del tratamiento, pero no sustituye la evaluación del problema de base.
Ante un aumento marcado o rápido del vello facial, especialmente si se acompaña de otros cambios hormonales, conviene consultar con un profesional de dermatología, ginecología o endocrinología. Identificar la causa permite elegir el abordaje más adecuado y, al mismo tiempo, encontrar el método de depilación que mejor se adapte a cada piel.

