Hoy está súper extendido leer grandes cantidades de texto en una pantalla. Pero, ¿alguna vez te preguntaste si a tu cerebro le da lo mismo que lo hagas allí o en papel? Lo vemos a continuación.
Aunque leer en papel y hacerlo en una pantalla permite acceder al mismo contenido, la experiencia no siempre es igual para el cerebro. Diversos estudios sugieren que la lectura en papel puede favorecer la comprensión y el recuerdo, especialmente cuando se trata de textos largos, complejos o que requieren concentración.
Una de las explicaciones es que el libro físico ofrece referencias espaciales, como la ubicación de un párrafo o el grosor de las páginas leídas, que ayudan a organizar la información y recordar dónde apareció.
En cambio, la lectura en pantallas suele estar asociada a más distracciones, como notificaciones, enlaces y la posibilidad de cambiar rápidamente de actividad. Esto puede dificultar la atención sostenida, aunque no significa que los dispositivos digitales sean perjudiciales por sí mismos.
La comprensión también depende del tipo de texto, el tiempo disponible, el diseño de la pantalla y los hábitos de lectura de cada persona. Además, los libros electrónicos permiten ajustar el tamaño de la letra y facilitan el acceso a materiales.
Para aprovechar ambas modalidades, los especialistas recomiendan elegir el formato según el objetivo: el papel puede ser útil para estudiar contenidos complejos, mientras que la pantalla resulta práctica para consultar información o leer en movimiento.

