El invierno se está haciendo sentir por estos días. Por eso, desde Portal Salud nos proponemos ahondar en cuestiones que a veces pueden parecer triviales o sencillas, pero que pueden hacer la diferencia en el cuidado de nuestra salud. En este caso, nos preguntamos: ¿cómo es mejor usar la bufanda para obtener la mayor protección posible?
Está claro que la bufanda, usada correctamente, cumple un rol clave en la protección contra el frío. Pero la forma más eficaz de usarla depende del objetivo principal, ya sea conservar el calor corporal, prevenir enfermedades respiratorias o proteger la piel del viento.
Para mantener el calor, lo ideal es cubrir cuello, garganta y parte del pecho, zonas por donde el cuerpo puede perder temperatura rápidamente.
Un método eficaz es el “nudo parisino”: se dobla la bufanda a la mitad, se coloca alrededor del cuello y se pasan los extremos por el lazo formado. Este estilo no solo es abrigado sino que asegura que la bufanda se mantenga en su lugar. Otra opción útil es envolverla varias veces alrededor del cuello, dejando los extremos dentro del abrigo para mayor resguardo.
En días ventosos o con aire seco, cubrir la boca y parte de la nariz ayuda a calentar el aire que se respira, lo que protege las vías respiratorias, especialmente en personas con asma o sensibilidad al frío. Para esto, se recomienda elegir bufandas de materiales suaves y transpirables, como la lana merino o tejidos sintéticos térmicos.