El Hospital Vall d’Hebron, en Barcelona (España), fue testigo y co-protagonista de un episodio más en la historia de la ciencia y la medicina. Allí se realizó un trasplante de rostro a una mujer que padecía las graves consecuencias de una infección bacteriana. Fue posible gracias a una paciente que obtuvo la eutanasia y donó sus órganos.
Al momento en el mundo se han realizado poco más de 50 trasplantes de cara. Y ahora, a esa lista se sumó el caso de Carme, una mujer de 60 años que quedó con el rostro desfigurado luego de sufrir una grave infección que derivó en necrosis, producto de una picadura que se infectó.
La intervención quirúrgica fue de alta complejidad y requirió del trabajo mancomunado de una larga y experiente cadena de profesionales de la salud.
Lo histórico de este caso está en que el rostro trasplantado pertenecía a una mujer que, tras acceder legalmente a la eutanasia, decidió donar sus órganos y tejidos.
Para que un trasplante de este tipo sea viable, es imprescindible que donante y receptora coincidan en aspectos tales como el sexo, el grupo sanguíneo y características antropométricas a nivel del rostro.
“En el estudio del donante, se realizó un TAC tanto en la donante como en la receptora; la información digital fue validada por radiología y por ingenieras de la Unidad de Impresión 3D de Vall d’Hebron. La Unidad de Tecnologías 3D elaboró un modelo tridimensional digital a partir de una imagen médica, un TAC. Este modelo ayuda a los profesionales a entender cómo deben llevar a cabo la cirugía; lo imprimimos para que los profesionales tengan las referencias cuando lo necesiten, antes y durante la cirugía”, indicaron desde el hospital.

