Este 20 de mayo se conmemora el Día Internacional del Ensayo Clínico, una jornada que recuerda un acontecimiento de 1747: y es que en ese año se dio uno de los primeros ensayos registrados, cuando el médico escocés James Lind investigó posibles tratamientos para el escorbuto en marineros.
Pero, ¿qué son los ensayos clínicos? Se trata de investigaciones científicas realizadas en personas para evaluar la seguridad y eficacia de medicamentos, vacunas, tratamientos o procedimientos médicos.
Aunque hoy forman parte esencial de la medicina moderna, sus orígenes, como decíamos, se remontan al siglo XVIII. Con el paso del tiempo, los ensayos clínicos evolucionaron y comenzaron a seguir normas éticas y científicas cada vez más estrictas. Tras los abusos cometidos durante la Segunda Guerra Mundial, surgieron regulaciones internacionales para proteger a los participantes, como el consentimiento informado y la supervisión de comités de ética.
Con todo, en la actualidad, los ensayos clínicos son fundamentales para el desarrollo de nuevos tratamientos. Gracias a ellos se puede comprobar si un medicamento realmente funciona, cuáles son sus efectos secundarios y cuál es la dosis más adecuada. También permiten comparar terapias nuevas con las ya existentes y mejorar la calidad de atención de distintas enfermedades.
Estos estudios se realizan en distintas fases y participan voluntarios que reciben seguimiento médico permanente. Vacunas, tratamientos contra el cáncer y terapias para enfermedades crónicas son algunos ejemplos de avances que fueron posibles gracias a los ensayos clínicos.

