Aunque una parte pase a estar automatizada, y por momentos parezcamos casi robóticos, conducir no es solo una tarea mecánica: implica un alto nivel de atención sostenida, toma de decisiones constantes y procesamiento de múltiples estímulos al mismo tiempo. Y aunque el cuerpo esté quieto, el cerebro trabaja intensamente. Por eso, manejar durante largos períodos puede generar cansancio físico y mental, incluso en trayectos aparentemente simples. A continuación, repasamos algunas claves sobre el tema.
¿Sabías que, en este tema, uno de los principales factores de fatiga es la sobrecarga cognitiva? Esto se relaciona con estar atento al tránsito, las señales, los peatones y otros conductores: todo eso exige concentración continua.
A eso se suma la postura estática, que puede provocar tensión muscular, especialmente en cuello, espalda y piernas.
Y tenemos que agregar otros factores: la monotonía de rutas largas o poco cambiantes puede disminuir el estado de alerta, aumentando el riesgo de somnolencia.
Pero, ¿qué efectos tiene todo esto? El cansancio al volante reduce los reflejos, afecta la capacidad de reacción y puede llevar a errores peligrosos.
Por eso, es muy importante tomar medidas preventivas. Se recomienda descansar bien antes de viajar, evitar manejar más de dos horas seguidas sin hacer pausas y detenerse a estirar el cuerpo o caminar unos minutos. Mantener una buena hidratación y evitar comidas pesadas también ayuda.
Otra cosa importante es reconocer las señales de fatiga, en uno mismo o en el conductor designado: bostezos frecuentes, dificultad para concentrarse o sensación de pesadez en los ojos. Ante estos síntomas, lo más seguro es parar.

