En el invierno, la niebla ya se está haciendo parte habitual de nuestro nuevo paisaje. Por eso, estamos aprendiendo a conocerla y a convivir con ella. Y también con sus afectaciones. ¿Qué pasa con la piel? ¿cómo impacta en su salud? Lo vemos a continuación.
Empecemos por el principio y lo más básico: la niebla es un fenómeno meteorológico que aumenta la humedad del ambiente, pero eso no significa que hidrate la piel. De hecho, su efecto depende de las condiciones climáticas que la acompañan.
En el caso que estamos analizando, en invierno, la niebla suele presentarse junto con bajas temperaturas y viento, factores que pueden alterar la barrera protectora de la piel y favorecer la sequedad, la irritación o el enrojecimiento, especialmente en personas con dermatitis, rosácea o piel sensible.
Además, en ambientes de ciudad, la niebla puede mezclarse con contaminantes del aire, formando una capa que favorece el contacto de partículas nocivas con la piel. Esto puede contribuir al estrés oxidativo y acelerar el envejecimiento cutáneo si la exposición es frecuente.
¿Qué podemos hacer al respecto? Para proteger la piel durante los días de niebla, se recomienda utilizar cremas hidratantes que ayuden a reforzar la barrera cutánea, limpiar el rostro al regresar a casa para eliminar residuos de contaminación y aplicar protector solar, ya que los rayos ultravioleta atraviesan las nubes y la niebla.
Mantener una buena hidratación y evitar duchas con agua muy caliente también ayuda a conservar la salud de la piel durante los meses más fríos.

