HomeSalud para todos“Every Body”: salud sexual para todos los cuerpos

“Every Body”: salud sexual para todos los cuerpos

La salud sexual forma parte del bienestar a lo largo de toda la vida y atraviesa dimensiones físicas, emocionales y sociales. El lema “Every Body” invita este año a poner el foco en la diversidad, la autonomía y el acceso a una atención libre de prejuicios. A continuación, una nota de nuestra revista hermana Hola Salud por el Dr. Santiago Cedrés (presidente de la Academia Internacional de Sexología Médica; vicepresidente de la Federación Latinoamericana de Sociedades de Sexología y Educación Sexual; médico internista y sexólogo).

Cada 4 de septiembre se conmemora el Día Mundial de la Salud Sexual, una iniciativa de la World Association for Sexual Health destinada a promover una comprensión positiva, integral y respetuosa de la sexualidad. El lema elegido para 2026 es “Every Body”. Está escrito deliberadamente como dos palabras porque encierra una idea poderosa: significa, al mismo tiempo, todas las personas y cada cuerpo.

Cada persona importa. Cada cuerpo merece respeto. Y todas las personas, cualquiera sea su edad, género, orientación sexual, identidad, condición física, estado de salud o situación social, tienen derecho a recibir información, atención y acompañamiento para vivir su sexualidad con salud, libertad, seguridad y dignidad.

La salud sexual es parte de la salud integral

La salud sexual no consiste solamente en no tener infecciones de transmisión sexual o disfunciones sexuales. Es un estado de bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad. Incluye la posibilidad de conocer el propio cuerpo, construir vínculos respetuosos, comunicar deseos y límites, tomar decisiones informadas y acceder a experiencias sexuales seguras y satisfactorias, libres de coerción, violencia y discriminación.

Nuestra sexualidad nos acompaña durante toda la vida. No comienza exclusivamente con las relaciones sexuales ni desaparece con el envejecimiento. Se transforma a medida que atravesamos diferentes etapas, experiencias, enfermedades, tratamientos y cambios personales. Por eso, cuidar la salud sexual también implica cuidar la autoestima, la intimidad, los afectos, la comunicación y la calidad de vida.

El lema “Every Body” nos invita además a mirar una realidad que muchas veces permanece oculta: aunque todas las personas habitamos un cuerpo, no todos los cuerpos encuentran las mismas posibilidades de ser escuchados, respetados y atendidos.

Todavía existen personas cuya sexualidad es invisibilizada debido a la edad, una discapacidad, una enfermedad crónica, su aspecto físico, su identidad de género o su orientación sexual. Persisten prejuicios que suponen que los adultos mayores no tienen vida sexual, que las personas con discapacidad no sienten deseo, que determinados cuerpos no pueden experimentar placer o que algunas formas de vincularse merecen menos reconocimiento que otras.

Estas creencias generan silencio, vergüenza y barreras para consultar. También pueden hacer que síntomas importantes sean minimizados o que muchas personas atraviesen sus dificultades en soledad. La salud sexual exige una mirada inclusiva; una atención que no juzgue, que respete la diversidad y que comprenda que no existe un único cuerpo correcto ni una sola manera válida de vivir la sexualidad.

Hablar de sexualidad también es hacer prevención

Las dificultades sexuales son frecuentes, pero no siempre se consultan. La falta de deseo, las alteraciones de la excitación, el dolor durante las relaciones, la disfunción eréctil, los problemas orgásmicos o eyaculatorios y la insatisfacción sexual pueden afectar profundamente el bienestar personal y de pareja.

En algunos casos, además, pueden relacionarse con trastornos hormonales, cardiovasculares, neurológicos, metabólicos, ginecológicos, urológicos o psicológicos. También pueden aparecer como consecuencia de medicamentos, cirugías o tratamientos oncológicos.

Consultar a tiempo permite identificar sus causas y ofrecer alternativas terapéuticas. La medicina sexual actual cuenta con recursos eficaces, pero el primer paso continúa siendo poder hablar del problema sin vergüenza y encontrar un profesional dispuesto a escuchar.

La educación sexual basada en conocimientos científicos también es una herramienta de prevención. Permite reconocer situaciones de abuso, comprender el consentimiento, evitar infecciones de transmisión sexual, prevenir embarazos no intencionales y diferenciar la información confiable de los mitos que circulan, especialmente en internet y en las redes sociales.

Consentimiento, autonomía y placer

No puede existir salud sexual sin consentimiento. Toda persona tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo, aceptar o rechazar una interacción y cambiar de opinión en cualquier momento. El consentimiento debe ser libre, informado, específico y reversible. No puede presumirse por el silencio, por una relación previa, por el matrimonio ni por haber aceptado antes otra práctica. Tampoco es válido cuando existe coerción, manipulación, violencia o incapacidad para decidir.

Reconocer la autonomía corporal implica comprender que el cuerpo de otra persona nunca nos pertenece. El respeto por los límites no disminuye la intimidad: la vuelve más segura, genuina y humana. Durante muchos años se habló de sexualidad casi exclusivamente desde el riesgo, la reproducción o la enfermedad. Sin embargo, una visión verdaderamente integral también debe reconocer el bienestar, la intimidad y el placer.

Hablar de placer no significa imponer la actividad sexual como una obligación. Cada persona tiene derecho a vivir su sexualidad de acuerdo con sus deseos, valores y circunstancias, incluyendo el derecho a no mantener relaciones sexuales. El placer saludable requiere libertad, consentimiento, respeto y seguridad. No debería ser motivo de culpa, un privilegio de determinados cuerpos ni una dimensión ignorada durante la consulta médica.

Una responsabilidad compartida

Promover la salud sexual no corresponde únicamente a los especialistas. Es una responsabilidad compartida por las familias, los centros educativos, los profesionales de la salud, los medios de comunicación, las instituciones y los gobiernos.

Necesitamos educación sexual integral y adecuada para cada edad; servicios sanitarios accesibles y confidenciales; profesionales capacitados para preguntar y escuchar; y políticas que protejan a las personas frente a la discriminación y la violencia.

También debemos construir espacios en los que hablar de sexualidad no provoque temor ni vergüenza. Una pregunta formulada con respeto puede abrir la puerta a una necesidad que lleva años silenciada.

En este Día Mundial de la Salud Sexual, desde la Academia Internacional de Sexología Médica invitamos a la población a reconocer la salud sexual como una parte esencial de la salud y de la dignidad humana.

“Every Body” nos recuerda que detrás de cada cuerpo hay una persona con una historia, necesidades, derechos, emociones y formas particulares de vivir la intimidad. Ningún cuerpo debería ser excluido, ridiculizado, violentado o privado de atención por no responder a determinados modelos sociales.

Cada persona merece información científica y comprensible. Cada cuerpo merece una atención respetuosa. Cada vínculo debe construirse sobre el consentimiento. Y toda dificultad sexual merece ser escuchada con la misma seriedad que cualquier otro problema de salud.

La salud sexual no es un lujo ni una preocupación secundaria. Es bienestar, prevención, autonomía, derechos, intimidad y calidad de vida. Porque cada persona importa, cada cuerpo merece respeto y todas las personas tienen derecho a vivir su sexualidad con salud, libertad y dignidad, libres de discriminación y violencia.

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