Cada año muchas mujeres uruguayas enfrentan el diagnóstico de cáncer de mama, la enfermedad oncológica más común entre ellas. La clave para superarla está en la prevención y la detección temprana: conocer el propio cuerpo, reconocer cambios, realizar controles médicos y estudios de imagen permite actuar a tiempo y aumentar las posibilidades de curación. Una nota del Dr. Álvaro Vázquez para nuestra revista hermana Hola Salud.
El cáncer de mama es la enfermedad oncológica más frecuente de la mujer uruguaya desde hace muchas décadas. Alrededor de 2.000 diagnósticos nuevos se realizan por año en todo el país, distribuyéndose de similar forma en Montevideo e interior, así como en toda la población femenina, ya sea que asista su salud en instituciones públicas, mutuales o seguros privados.
Es una enfermedad que comienza a ser frecuente después de los 40 años, si bien hemos comenzado a observar un aumento en la aparición de casos por debajo de esa edad en los últimos tiempos, manteniéndose su diagnóstico y aparición hasta edades bien avanzadas.
La mayoría de las mujeres que son diagnosticadas culminan curándose de esta enfermedad. Muchas se preguntan y nos consultan cuál es el camino para que el cáncer de mama no sea un problema importante y se convierta en una etapa superada de la vida. En respuesta a este cuestionamiento, creemos que es imprescindible la realización de un diagnóstico oportuno, temprano en el tiempo y preciso en la calidad del mismo. Ganar tiempo y sorprender a la enfermedad en sus etapas iniciales es una de las claves para la curación del cáncer de mama.
Cada mujer debe conocer sus mamas
Antes que nada, debemos darnos cuenta que, al ser un órgano superficial, es muy fácil aprender a conocerlo. Toda mujer debería conocer sus mamas como parte importante de su hábito de conocimiento corporal y adueñarse de ese conocimiento, perdiendo el miedo a palparlas.
Mencionamos al miedo ya que es mucho más frecuente de lo que pensamos. Hay mujeres que no se realizan el autoexamen mamario por “miedo” a lo que puedan encontrar. Pues bien, ese miedo puede ser uno de los cómplices más importantes de esta enfermedad y responsable de un diagnóstico tardío.
El autoexamen mamario realizado una vez al mes tiene varias ventajas:
- Permite a la mujer conocer y aprender a reconocer cambios en sus mamas.
- Enseña a familiarizarse y detectar cambios de coloración en la piel, de temperatura, cambios en el tamaño de una o ambas mamas, e identificar molestias o dolores.
- Permite identificar pequeñas tumoraciones palpables, tanto en la mama como en la axila, secreciones esporádicas o permanentes, hundimientos de la piel, cambios de la tensión mamaria y cualquier otra situación que pueda llamarle la atención.
El autoexamen mamario mensual debería implementarse por todas las mujeres desde la adolescencia hasta la vida adulta. Para aprender a realizarlo correctamente es importante concurrir a la consulta médica con el especialista que le enseñará a hacerlo de forma ordenada y sucesiva, analizando la superficialidad y la profundidad de la mama, aprendiendo a diferenciar el tejido normal de cualquier elemento que no lo sea, y teniendo la oportunidad de hacer todas las preguntas que puedan surgir en esta práctica.
Aquí hemos mencionado dos pilares fundamentales del necesario conocimiento del propio cuerpo. Ambas prácticas van generando una conducta permanente y duradera para la mujer con sus propias mamas, que seguramente mucho ayudará a la hora de descubrir enfermedades benignas o malignas.
Diagnóstico por imágenes
Sin embargo, para poder hacer un buen y completo diagnóstico, es necesario ir un poco más allá. Los estudios de imágenes son otro pilar fundamental en el diagnóstico de enfermedades benignas o malignas de la mama. Dos son los más habituales y poseen la capacidad de diagnosticar la gran mayoría de las enfermedades que las mujeres pueden padecer: la ecografía mamaria y la mamografía bilateral.
La ecografía mamaria, realizada por un médico experiente, es un estudio sencillo y cómodo, de fácil acceso, que utiliza el ultrasonido como técnica para visualizar las diferentes estructuras de la mama y ayudar a un diagnóstico certero. Mujeres jóvenes deberían complementar el autoexamen mamario y la visita anual al especialista con una ecografía mamaria. Esta población tiene, característicamente, en la mayoría de los casos, mamas más densas que las de las mujeres adultas. Este hecho hace que la ecografía mamaria sea el mejor estudio a realizar en esa etapa del desarrollo mamario normal de una mujer.
El otro estudio es la mamografía bilateral, que se recomienda a partir de los 40 años. Está basado en radiaciones inofensivas para la salud de la mujer y es el más completo de los estudios imagenológicos mamarios. Su valor diagnóstico es altísimo, ya que posee un amplio porcentaje de aciertos en el diagnóstico de enfermedades mamarias. Reconocemos que su técnica es algo más molesta que la ecografía, pero su beneficio bien vale su realización.
La mamografía bilateral y la ecografía mamaria pueden complementarse para un diagnóstico más exacto. Si bien no es necesario en todos los casos realizar los dos estudios, será el médico especialista quien, conociendo a la paciente, sus estudios previos, la evolución de las imágenes o las enfermedades de la mama, ayude a decidir y solicitar lo que resulte mejor para cada mujer.
En algunos casos muy especiales y ante la necesidad de diagnosticar patologías muy mínimas, o ante la duda que puedan dejar los estudios previamente mencionados, la resonancia magnética nuclear de mama puede ser indicada. Claramente este hecho debe quedar en manos de especialistas avezados en el diagnóstico mamario y la necesidad de estudios específicos.
Así como afirmamos que el autoexamen mamario y la visita médica tienen su valor propio y ayudan a crear consciencia de la necesidad de conocimiento y análisis de las mamas, los estudios imagenológicos complementan y diagnostican enfermedades.
Factores de riesgo para el cáncer de mama
Cabe preguntarse si existen poblaciones de mujeres más susceptibles a padecer esta enfermedad. En este momento corresponde, entonces, analizar los factores de riesgo y los factores protectores para desarrollar o no cáncer de mama, sabiendo que son conductas, estados o enfermedades que, de estar presentes, facilitan la aparición de la enfermedad o bien protegen contra la misma. Ninguno posee un valor absoluto ni excluyente; diría que se ha visto que muchas de las mujeres que llegan a padecer la enfermedad los poseen, si bien pueden estar en otros casos y no aparecer cáncer de mama.
Sabemos que existen algunos factores de riesgo no modificables como por ejemplo la edad. Más allá de que hemos mencionado la aparición temprana del cáncer de mama, el envejecimiento aumenta el riesgo de padecerlo. Este hecho implica que los controles imagenológicos deben continuar de por vida para alcanzar un diagnóstico temprano.
Los antecedentes familiares o personales de la enfermedad aumentan también el riesgo, así como la exposición a radiaciones ionizantes altas antes de los 40 años por patologías oncológicas previas diferentes al cáncer de mama. Ser mujer es también un factor de riesgo postulado, ya que mujeres y hombres poseemos tejido mamario, pero es mucho más frecuente el cáncer en mujeres que en hombres.
El tenor estrogénico juega un papel importante también como factor de riesgo de la enfermedad. Tener la primera menstruación antes de los 12 años o la menopausia después de los 55, no tener hijos o el primero después de los 30, incrementa el riesgo también. Pero, como mencionamos anteriormente, que estén estos elementos en la vida de una mujer, no determina que la enfermedad vaya a aparecer.
La obesidad, si bien es un factor de riesgo modificable, abonaría en este sentido el aumento del riesgo. Las terapias de reemplazo hormonal en mujeres posmenopáusicas se postula también como un factor de riesgo para ese grupo etario. Además, lo es el tejido mamario denso.
Mención especial para la presencia de mutaciones en los genes BRCA 1 o 2, responsables directos de un aumento significativo en el riesgo de padecer la enfermedad. Aunque su incidencia poblacional es baja, para esta población se requieren controles personalizados desde edades más tempranas a las habituales y se postula la mastectomía preventiva como una de las conductas a tomar. Sin dudas que el diálogo con el especialista y las decisiones en común, con buena información, se hace necesaria como factor preventivo.
Por otro lado, existen factores de riesgo modificables que dependen de las conductas personales. Mencionamos anteriormente la obesidad, de la que se postula un aumento del tenor estrogénico. Si bien es una enfermedad que puede afectar crónicamente a mujeres de toda edad, en las posmenopáusicas el riesgo es mayor. La inactividad física con un estilo de vida sedentario es también un factor de riesgo, así como el ejercicio y salir del sedentarismo es un factor protector. En relación con hábitos como el tabaco o el consumo excesivo de alcohol, también son factores de riesgo; su modulación y abandono favorecen la protección personal de esta enfermedad.
Uno de los factores más evidentes lo constituye la dieta en sus múltiples expresiones. A nivel mundial los países ganaderos son los que poseen el mayor índice de cáncer de mama. Seguramente vinculado al procesamiento de sus productos y el agregado a la alimentación ultramanufacturada. Por otro lado, y en contraposición, la dieta rica en fibra actúa como factor protector.
En nuestro medio existen estudios de larga data sobre costumbres alimentarias propias del Uruguay, que han dado resultados muy auspiciosos vinculados a la protección. Estos brindan dos factores ampliamente difundidos entre nuestra población: el mate y el té negro serían dos protectores para el desarrollo del cáncer de mama.
El Sistema Nacional Integrado de Salud posee la capacidad de educar y detectar tempranamente el cáncer de mama. Sabiendo que es una enfermedad habitual de la población femenina, es necesario que cada mujer sea consciente que le puede suceder, por lo cual eliminar los factores de riesgo, fomentar los factores protectores, realizar el autoexamen mamario, la visita médica anual y los estudios imagenológicos son una forma segura de prevenir y diagnosticar tempranamente esta enfermedad para disminuir su mortalidad.

