Durante la temporada de verano, la diarrea es un problema frecuente debido a que el calor, entre otras causas, favorece el crecimiento de microorganismos que la provocan. Además, con las altas temperaturas, implica un riesgo de deshidratación aumentado por la mayor sudoración. Un artículo del Dr. Stefano Fabbiani para nuestra revista hermana Hola Salud.
La diarrea se define como las heces pastosas o líquidas, cuyas evacuaciones ocurren tres o más veces al día, pudiendo durar uno o dos días en casos agudos. A partir de las dos semanas, se considera diarrea crónica, aunque los síntomas pueden aparecer y desaparecer. No se justifica por estados de ansiedad, sino que suele ser un signo de una enfermedad crónica.
Es un síntoma muy frecuente en la temporada de verano y en los climas cálidos. Sus causas son variadas, pero las elevadas temperaturas son el principal factor involucrado en su aparición, debido a que el calor, los viajes, el consumo y uso de agua con poco saneamiento para la higiene de alimentos, aumenta el riesgo de intoxicaciones alimentarias. En este contexto, se acelera la descomposición de los alimentos y se favorece la diseminación y el crecimiento de virus, bacterias y parásitos que producen gastroenterocolitis.
La gastroenterocolitis es una infección que genera inflamación e irritación del estómago, intestino delgado y grueso, lo que produce vómitos y diarrea. Estos síntomas pueden acompañarse de decaimiento, malestar general, dolor abdominal y fiebre.
La diarrea suele durar varios días y de acuerdo a su frecuencia e intensidad puede producir deshidratación, es decir, la excesiva pérdida de líquidos del organismo. Si a la diarrea se le suma la mayor pérdida de líquidos mediante el sudor, estimulado por el calor y la fiebre, el aumento de actividades al aire libre y la disminución de la ingesta producto de las náuseas, vómitos y malestar general, el riesgo de deshidratarse durante una gastroenterocolitis es mayor.
¿Cuál es el tratamiento?
El tratamiento de las diarreas infecciosas suele estar vinculado a qué microorganismo la cause. Si se trata de un virus, estas infecciones son autolimitadas por lo que no tienen tratamiento específico, mientras que las gastroenterocolitis bacterianas y parasitarias se tratan con antibióticos o antiparasitarios, respectivamente, por lo que siempre es necesaria la consulta médica oportuna.
En cuanto a la deshidratación, la reposición de líquidos es el mejor tratamiento. Además de mantenerse hidratado por el calor, y aún más por la diarrea, una dieta astringente puede mitigar la mayoría de los síntomas y disminuir la deshidratación.
Las sales de rehidratación oral (SRO) son una mezcla de agua, electrolitos y azúcar que reponen rápidamente el agua y los electrolitos perdidos en las deposiciones. Se recomiendan fundamentalmente en niños y en adultos mayores, que en general consumen menos agua, aunque son aptos para cualquier persona.
Es fundamental consultar al médico ante fiebre mayor de 38º, diarrea o vómitos por más de tres días o que no mejoran, cuando la diarrea se produce en niños pequeños, adultos mayores o embarazadas, o si ve sangre o elementos extraños en las materias.
Ante síntomas de deshidratación importante es necesaria la consulta a la brevedad. Entre ellos se destacan boca seca, sensación de fatiga, no orinar durante 6 a 8 horas y llantos con pocas o ninguna lágrima en caso de niños pequeños y que no mojen el pañal.
Medidas de prevención
Se recomienda la higiene adecuada en colonias de vacaciones y piletas, no compartir cubiertos ni vasos, lavarse las manos con frecuencia en especial antes de comer y cuando se manipulen alimentos, lavar muy bien frutas y verduras, y refrigerar correctamente los alimentos.
Cuando se manipulen alimentos, se deben lavar las manos previamente. En caso de viajes a lugares turísticos con poco saneamiento o si no se conoce el estado del agua, se recomienda utilizar agua embotellada para lavar o cocinar, y en caso de comer en restaurantes concurrir a aquellos en los que esté garantizada la higiene.
Durante el verano hay más moscas, mosquitos y otros insectos en el ambiente que inoculan gérmenes en los alimentos en los que se posan. Por lo tanto, se recomienda mantenerlos cubiertos y en heladera hasta el momento de cocinarlos o consumirlos. Una vez cocinados, no deben de permanecer más de 30 minutos a temperatura ambiente; si no se van a comer inmediatamente, deben guardarse en la heladera en un recipiente cerrado.
Para evitar la deshidratación se aconseja tomar un vaso de agua por cada deposición líquida. Evite bebidas con cafeína como el café, té y gaseosas.

