Hoy en nuestra sección de ciencia y tecnología nos proponemos ahondar sobre los laxantes, medicamentos que se utilizan para aliviar el estreñimiento y facilitar la evacuación intestinal. Es cierto que su uso es común, pero es importante entender cómo actúan en el cuerpo y cuándo corresponde utilizarlos.
Empecemos por el comienzo: existen distintos tipos de laxantes, y cada uno funciona de manera diferente. Los laxantes formadores de volumen aumentan el tamaño de las heces al absorber agua, lo que estimula el movimiento del intestino. Los osmóticos atraen agua hacia el colon, ablandando las heces y facilitando su eliminación.
Los laxantes estimulantes, en cambio, actúan directamente sobre la pared intestinal, provocando contracciones que aceleran el tránsito. También están los lubricantes, que recubren las heces para que se deslicen con mayor facilidad.
En cualquier caso, el uso frecuente o sin indicación médica puede generar dependencia, irritación intestinal, deshidratación y desequilibrios de electrolitos. Además, abusar de ellos puede empeorar el estreñimiento a largo plazo.
Por eso, antes de recurrir a un laxante, se recomienda aumentar el consumo de agua, fibras y actividad física. Si el estreñimiento persiste, lo ideal es consultar con un profesional de la salud para definir el tratamiento más adecuado.

