En nuestro espacio de ciencia y tecnología, hoy nos proponemos arrojar luz sobre una cuestión que parece mundana y hasta sencilla, pero que alberga una decisión que puede influir en nuestra salud: dormir en una cama con sábanas limpias no solo resulta más agradable, también es importante para la higiene y la sanidad. Aunque muchas personas las cambian cuando “ya se sienten sucias”, la ciencia sugiere que existe una frecuencia recomendable para evitar la acumulación de microorganismos.
Durante la noche, el cuerpo libera sudor, células muertas de la piel y aceites naturales. Además, las sábanas pueden acumular restos de polvo, bacterias y ácaros. Con el paso de los días, esta mezcla crea un ambiente ideal para que proliferen microorganismos que pueden provocar alergias, irritaciones en la piel o empeorar problemas respiratorios.
Así las cosas, diversos especialistas en higiene doméstica y microbiología coinciden en que lo ideal es cambiar las sábanas una vez por semana.
Este plazo ayuda a mantener un nivel adecuado de limpieza sin que se acumulen demasiados residuos biológicos.
También hay situaciones en las que conviene lavarlas con mayor frecuencia: si se duerme con mascotas, si alguien está enfermo, si se transpira mucho durante la noche o si se duerme sin pijama.
Más allá de la frecuencia, otro punto clave es el lavado. Lo recomendable es hacerlo con agua tibia o caliente, y asegurarse de que las sábanas se sequen completamente antes de guardarlas.

