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Lucha contra la depresión: pequeñas acciones que generan grandes cambios

Al conmemorarse este 13 de enero el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, reflexionemos sobre un hecho poderoso: más de 280 millones de personas en el mundo entero, sufren depresión cada año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud. Esto significa que, estadísticamente, es bastante probable padecer esta condición y/o conocer a alguien que esté atravesando este desafío. Pero lo positivo a tener en cuenta es que hoy en día gracias a los avances científicos la depresión ya no es un destino final. A continuación, una nota de nuestra revista hermana Hola Salud.

La depresión: una realidad global que no discrimina 

Puede afectar a cualquier persona, desde un joven estudiante hasta un exitoso CEO, y su impacto va mucho más allá de la tristeza. En el mundo, cada 40 segundos alguien pierde la vida por suicidio, según la OMS, y la depresión es uno de los principales factores de riesgo. En la opinión de muchos expertos en el tema, esta situación representaría una crisis global que exige, una acción inmediata. En los últimos años, especialmente tras la pandemia de COVID-19, las tasas de depresión se han disparado en un 25 %, afectando especialmente a los jóvenes y a las mujeres. Según la OMS, la depresión es la principal causa de discapacidad global. Sin embargo, muchas personas ni siquiera buscan ayuda. 

¿Por qué el apoyo profesional no es solicitado o es pedido tardíamente?

A mi modo de ver existe un estigma, con “la locura” una sensación de vergüenza asociada con admitir que estamos sufriendo, somos débiles y necesitamos ayuda. Y justamente la celebración del Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, rompe el silencio, apuesta a derribar los muros del estigma y abre el camino hacia la comprensión y la empatía. Hay un dato curioso al respecto : en los países con una mayor apertura emocional, como Finlandia o Dinamarca, donde el estigma no es tan notorio se observan menores índices de depresión crónica y en parte se debe a que en estas sociedades las personas buscan ayuda antes de que los síntomas se intensifiquen y cronifiquen. En este sentido tengamos en cuenta un dato revelador: la depresión no tratada o tratada tardíamente tiene un costo económico enorme. Según estudios recientes, la pérdida de la productividad que ocasiona esta condición le cuesta al mundo anualmente un billón de dólares. Curiosamente, en los países que poseen un enfoque más “espiritual” hacia la vida, se presentan tasas más bajas de depresión crónica. Por ejemplo en Bután, la depresión parece menos común debido a la importancia cultural que se le da a la felicidad. Este pequeño reino ha incorporado el concepto de Felicidad Nacional Bruta como un indicador prioritario, por encima del Producto Interno Bruto. Este enfoque resalta valores como la espiritualidad, la conexión comunitaria y el equilibrio emocional, fomentando un entorno que protege la salud mental y reduce la prevalencia de trastornos como la depresión.

La ciencia respalda la esperanza: el cerebro se puede “reinventar”

No todo es oscuro en la depresión; la neuroplasticidad es una luz que nos muestra científicamente que el cambio es posible y que el cerebro puede sanar. Aunque la depresión puede parecer (sobre todo a quien la padece) un estado fijo y permanente, el cerebro tiene la capacidad de cambiar y mejorarse a sí mismo. Estudios actuales indican que actividades como la meditación, el ejercicio y la terapia pueden estimular la neurogénesis (creación de nuevas neuronas) en el hipocampo, una región clave para regular el estado de ánimo. Aquí hay algo muy importante: la depresión desde este punto de vista no es un destino final, es una señal, una invitación a la resiliencia y una posibilidad de transformación personal. Cuando una persona puede cambiar la forma en que mira las cosas, las cosas que mira también pueden cambiar. La depresión, vista desde una perspectiva diferente, no tiene por qué ser el enemigo. Puede ser el impulso necesario para redirigir la vida. Aunque la depresión sea parte de la historia de una persona no tiene por qué definir su futuro. La esperanza no es solo un sentimiento, es una decisión, es una serie de acciones concretas mantenidas en el tiempo. No se trata de un día dar un salto gigantesco, se trata de dar todos los días pequeños pasos hacia un mayor bienestar.

Pequeñas acciones que generan grandes cambios

1. Partir de la idea racional-positiva, de que la depresión es como una sombra que puede tocar a cualquiera, pero NO puede definir a una persona en su totalidad. La depresión no es una identidad; es un estado emocional y todos los estados emocionales pueden cambiar.

2. El poder de la acción. El movimiento genera emoción. Quedarse estático, atrapado en un ciclo de pensamientos negativos, refuerza la depresión. Decidir moverse, aunque sea un paso pequeño, genera un cambio emocional .Por ejemplo: Salir a caminar, aunque solo sean cinco minutos. El ejercicio libera endorfinas, los “químicos de la felicidad” a señal, una invitación a la resiliencia y una posibilidad de transformación personal. También hablar con alguien y expresar lo que se está sintiendo puede aliviar el peso emocional. Otra opción posible sería escribir los pensamientos. Poner las emociones en palabras escritas es una forma poderosa de desahogo y puede aportar claridad.

3. Cambiar el enfoque. La depresión enfoca los pensamientos en todo lo que falta, en lo que no funciona. Pero que tal el reto de cambiar el enfoque y pensar en algo que se pueda agradecer, por pequeño que sea o prestar atención a lo que sí está funcionando. La gratitud es una herramienta poderosa que inhibe la mentalidad de carencia y conecta con la abundancia de lo que sí se tiene.

4. Transforma la “historia”. Muchas veces las personas deprimidas se cuentan historias que los limitan. Quizás su historia sea: “Siempre he sido triste”, “Nunca seré suficiente” o “Nadie me entiende”. Pero la magia es: la “historia” se puede reescribir. Cambiando la narrativa interna. En lugar de decir: “Estoy deprimido”, se puede pensar “Estoy experimentando una sensación de tristeza, pero puedo superarla”. Este simple cambio de lenguaje es poderoso cuando se convierte en hábito.

5. La importancia del significado. Muchas veces la depresión florece en el vacío, en la falta de propósito. Pero cuando se encuentra un significado sea grande o pequeño algo cambia. Pueden ser de ayuda preguntas como por ejemplo: ¿Qué puedo hacer hoy para aportar algo positivo al mundo? ¿Cómo puedo usar mi experiencia para ayudar a otros? A veces, ayudar a alguien más puede ser el mayor antídoto contra la desesperanza.

6. Vivir desde el amor, no desde el miedo. La depresión suele alimentarse del miedo: miedo al futuro, miedo a no ser suficiente, miedo al cambio. Pero hay algo más grande que el miedo, y eso es el amor. Cuando se elige ver la vida con amor, amor por uno mismo, por el prójimo, o por el simple hecho de estar aquí respirando, algo comienza a cambiar.

7. Recolectar con la naturaleza: Salir a caminar, sentir el sol en tu piel etc. Estudios han demostrado que pasar tiempo en la naturaleza reduce los síntomas de ansiedad y depresión hasta en un 50 %.

8. La alimentación sí importa: Sabías que las personas que consumen una dieta rica en alimentos procesados tienen un 58 % más de probabilidades de desarrollar depresión .Por otro lado, dietas ricas en frutas, vegetales y pescado están asociadas con un mejor bienestar emocional.

Algunas claves para acompañar y ayudar a una persona con depresión: lo que funciona y lo que no

Si tienes un amigo o familiar que lucha con la depresión, recuerda esto: no necesitas “arreglarlos”. A veces, lo más poderoso que se puede hacer es simplemente estar ahí.

Veamos algunas maneras de ayudar:

• Escuchar sin juzgar: No intentar dar soluciones rápidas. Preguntar: ¿Cómo puedo te puedo ayudar?

• Ofrecer apoyo práctico: Cosas simples como acompañarlo/a a una cita médica o cocinarle una comida pueden marcar una gran diferencia.

• Informarse o incluso recibir asesoramiento profesional: Aprender sobre la depresión para entender lo que le está pasando realmente a esa persona 

• Valida sus sentimientos: Decir “te entiendo” es mucho más poderoso que intentar minimizar su dolor.

• Anima, pero no fuerces: Sugiéreles pequeños pasos, como salir a caminar juntos, pero respeta su proceso.

• Sé constante: Las personas deprimidas a menudo sienten que son una carga. Recuérdales que estás ahí para ellos, incluso si no responden inmediatamente.

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