Al momento de planificar las vacaciones, se presentan algunas interrogantes que, en otros momentos del año, no surgen. En el caso de quienes tienen mascotas, una pregunta habitual suele ser si es mejor, para el bienestar de los animales, que vayan o no de viaje con ellos. ¿Qué pasa específicamente en el caso de los gatos? Lo vemos a continuación.
A diferencia de los perros, los gatos suelen ser más territoriales y sensibles a los cambios, por lo que la decisión requiere evaluar pros y contras.
Entre los aspectos positivos, está claro que viajar con tu gato evita la separación prolongada y reduce la preocupación por su cuidado. Además, permite mantener rutinas como la alimentación y el vínculo afectivo. Para algunos gatos sociables y acostumbrados al traslado, compartir las vacaciones puede ser una experiencia tolerable e incluso enriquecedora.
Sin embargo, hay contras. El traslado, los ruidos, los nuevos olores y los espacios desconocidos pueden generar estrés, miedo o conductas como esconderse, dejar de comer o marcar con orina. También existe el riesgo de escapes en lugares nuevos y la dificultad para garantizar su seguridad durante el viaje. Los cambios en el entorno pueden afectar su bienestar más de lo que lo haría una separación temporal.
En muchos casos, dejar al gato en su hogar, con visitas diarias de una persona de confianza o un cuidador especializado, resulta la opción más saludable. Antes de decidir, es clave considerar la personalidad del animal y priorizar su bienestar.

