Durante la época de bajas temperaturas, es más importante que nunca reforzar las defensas de quienes están a nuestro cuidado. Más cuando se trata de niños: porque en la infancia, el sistema inmunitario todavía está en desarrollo. Por eso, es importante estar atentos a algunas señales que podrían indicar que lo que estamos haciendo no es suficiente y que debemos reforzar algunas acciones.
1. Infecciones frecuentes o repetidas: resfriados y cuadros respiratorios son habituales y más en invierno, pero si un niño presenta infecciones muy frecuentes, severas o que se repiten poco después de finalizar un tratamiento, es recomendable comentarlo con el pediatra y analizar pasos a seguir.
2. Enfermedades que duran más de lo esperado: si las infecciones habituales tardan mucho en mejorar, necesitan tratamientos prolongados o aparecen complicaciones con frecuencia, puede ser una señal de que el organismo tiene dificultades para combatirlas.
3. Otras afectaciones: una infección no significa por sí sola que existan defensas bajas. Pero cuando se combina con bajo aumento de peso, dificultades para crecer o un cansancio persistente, conviene realizar una evaluación médica.
Es importante no confundir una infancia con muchas infecciones con un problema de inmunidad. La frecuencia y gravedad de los cuadros, los antecedentes y el estado general del niño son factores que debe valorar un profesional de la salud.

