Con el otoño a la vuelta de la esquina, puede que ya hayas escuchado hablar de la llamada “supergripe”. Pese a lo rimbombante de su nombre, se refiere a una variante del virus de la Influenza A (H3N2), un subtipo de gripe estacional que circula en el mundo desde hace décadas. En los últimos meses se detectó una nueva variante genética —conocida como subclado K— que ha generado un aumento de casos en varios países. A continuación, repasamos lo que tenés que saber.
Claro que el término “supergripe” suena alarmante, pero los especialistas aclaran que no se trata de un virus nuevo ni de una enfermedad distinta a la influenza estacional. La principal característica de esta variante es su mayor capacidad de transmisión, en parte porque presenta cambios en su estructura que le permiten evadir parcialmente la inmunidad generada por infecciones previas o por algunas vacunas.
En Uruguay, las autoridades sanitarias confirmaron la detección de casos importados de esta variante a través del sistema de vigilancia epidemiológica. Los pacientes presentaron síntomas gripales habituales y evolucionaron favorablemente, sin complicaciones destacables.
Los síntomas son similares a los de otras gripes: fiebre, dolor muscular, tos, dolor de garganta, congestión nasal y cansancio. Como ocurre con otras formas de influenza, los grupos de mayor riesgo de complicaciones incluyen a adultos mayores, niños pequeños, personas con enfermedades crónicas y embarazadas.
Las medidas de prevención siguen siendo las mismas que para cualquier gripe: vacunación antigripal, lavado frecuente de manos, ventilación de ambientes y evitar el contacto cercano cuando se presentan síntomas respiratorios.

