Darle a nuestro organismo vitamina D es más sencillo en verano: porque el sol nos la regala a diario. Pero en invierno, que estamos menos al aire libre, es más difícil acceder a ella de forma tan natural. Sin embargo, hay otras formas también naturales de adquirirla: a través de la alimentación.
Ya es más que conocida la importancia de la vitamina D: cumple funciones importantes en el organismo, desde ayudar a absorber calcio, contribuir al mantenimiento de huesos y dientes y hasta participa en el buen funcionamiento de los músculos y del sistema inmunitario.
Pero, como decíamos, a veces no alcanza con la exposición solar. Por eso, podemos reforzar con la alimentación. A continuación, algunos alimentos que nos pueden ayudar.
1. Pescados grasos. Salmón, sardinas, atún y caballa se encuentran entre las fuentes naturales más destacadas de vitamina D. Incorporarlos a la dieta de forma regular permite sumar este nutriente y, además, aporta proteínas y grasas saludables.
2. Huevos. La yema contiene vitamina D, por lo que incluir huevos dentro de una alimentación variada puede contribuir al aporte diario. Es una opción sencilla y versátil para incorporar en diferentes comidas.
3. Hongos. Algunos hongos pueden aportar vitamina D, especialmente cuando han sido expuestos a luz ultravioleta. Su contenido puede variar según el tipo y las condiciones de producción.

