Como hemos dicho en otras oportunidades, mirar el mundo animal que nos rodea y vive en nuestro mismo planeta es una muy buena forma de aprender sobre ellos y, de esa forma, observarnos a nosotros y nuestra salud desde otra perspectiva. En el caso de las tortugas marinas, habitan los océanos desde hace más de 100 millones de años, pero hoy enfrentan múltiples amenazas que ponen en riesgo su supervivencia. Su situación no solo preocupa a los conservacionistas: también funciona como un indicador de la salud del planeta y, en consecuencia, de la salud humana.
Estos animales son considerados una especie «centinela». Al recorrer grandes distancias y ocupar distintos ambientes marinos, reflejan los cambios que ocurren en los ecosistemas.
Por ejemplo, la contaminación por plásticos es una de sus principales amenazas. Muchas tortugas confunden bolsas y otros residuos con alimento, lo que puede provocarles lesiones graves o la muerte.
Y el mismo plástico que afecta a estos animales termina fragmentándose en microplásticos que ingresan a la cadena alimentaria y, finalmente, llegan a las personas.
El cambio climático también altera la temperatura de las playas donde las tortugas ponen sus huevos, modificando el equilibrio entre machos y hembras, y amenazando la supervivencia de las especies.
Estos cambios ambientales tienen consecuencias más amplias, como el aumento de fenómenos extremos y el deterioro de ecosistemas de los que depende la humanidad.

