Esta semana se conmemora el Día Mundial del Lavado de Manos. Y es una buena oportunidad para hacer una pausa y revisar eso que hacemos todos los días, pero que tal vez no tan bien como deberíamos.
Demos primero un paso atrás: lavarse las manos con agua y jabón es una de las medidas más sencillas y eficaces para prevenir infecciones y reducir la transmisión de microorganismos. Por eso, para que este hábito sea realmente efectivo, es importante realizarlo correctamente y no limitarse a mojar las manos durante unos segundos.
1. Mojar y aplicar jabón. Colocá las manos bajo agua corriente limpia y utilizá suficiente jabón para cubrir toda la superficie. Puede ser agua fría o tibia: lo importante es frotar bien y respetar el tiempo recomendado.
2. Frotar durante 20 segundos. Este es el paso fundamental. Frotá las palmas, el dorso de ambas manos, los espacios entre los dedos, los pulgares, las puntas de los dedos y debajo de las uñas. El proceso completo debe durar entre 40 y 60 segundos, incluyendo el enjuague.
3. Enjuagar y secar. Retirá todo el jabón con agua y secá las manos con una toalla limpia o descartable. Si estás en un baño público, evitá volver a contaminarte al tocar superficies sucias.
Es especialmente importante lavarse las manos antes de comer o preparar alimentos, después de ir al baño, al toser o estornudar y al cuidar a una persona enferma. Cuando no hay agua y jabón disponibles, un desinfectante de manos con al menos un 60 % de alcohol puede ser una alternativa.

